Eres ejemplo

eres ejemplo Motivación

No hay nada más poderoso para cambiar algo que tener una motivación interna, que nazca de uno mismo. Y no hay motivo más grande que un hijo para hacernos cambiar, para hacer que nos replanteemos incluso nuestra manera de ser y de actuar. Y es que son un punto de inflexión, un punto y a parte entre lo que era y lo que es, y un punto de partida para lo nuevo.

Es cada vez mayor el número de madres y padres que descubrís este gran mundo de la alimentación a partir del momento en que váis a ser padres. De hecho, la mayoría de las veces la respuesta a la pregunta ¿Desde cuando? empieza con “desde que… ” y sigue con “tengo hijos”.

Es normal, es la primera de muchas veces a partir de ahora, que tomamos conciencia de que nuestras decisiones van a influir directamente sobre alguien más. Si, la primera vez. Y nos sentimos responsables. Embarazo, ¿jamón si o jamón no?. Lactancia materna… o ¿artificial? y ¡¿Ya llegamos a alimentación complementaria?!, ¿Con qué alimento empiezo? Todo nos parece importante, y lo es.

Pero luego…, luego nos acostumbramos. Y la rutina toma el mando de las decisiones y de la alimentación. El famoso “no me da la vida” se instaura como un miembro más de la unidad familiar y las decisiones que antes nos parecían importantes, ahora ya no lo son tanto. O si, porque en esta somnolencia alimentaria que nos guía, hay momentos en los que despertamos, tomamos consciencia de nuevo y nos preguntamos “los zumos cuentan como pieza de fruta, ¿verdad?”

Es en esos momentos en que despertamos, cuando debemos reflexionar y aprovechar para aplicar esos cambios saludables a los que tantas veces les hemos dado a “guardar” desde hace tiempo. Y no importa cómo de pequeños sean. Lo importante es llevarlos a cabo, porque esos pequeños que nos observan lo hacen tanto en nuestros mejores momentos como en los que no lo son tanto. ¡Qué te voy a decir! Y es que, madres y padres, vosotros sois el ejemplo más importante para vuestros hijos, también en la alimentación. “Como se nota que es hijo tuyo, ¡habla igual que tu!”, “Mira, si es que hace los mismos gestos”. Imitan conductas que acaban siendo hábitos.

Sé su ejemplo saludable. No podemos esperar que los niños adopten pautas saludables si no las han visto, vivido y experimentado a su alrededor. Con suerte, podemos esperar que en la adolescencia y con su razonamiento crítico en pleno auge, lleguen a adquirir unos hábitos alimentarios saludables. Vosotros sois los primeros maestros de vuestros hijos y por lo tanto tenéis que saber explotar cómo aprenden éstos: con el ejemplo.

Y ahora te invito a actuar, ¿qué pequeño cambio puedes hacer desde ya para dar ejemplo a tus hijos?
¿Puedes comer fruta con ellos o probar tu también una verdura nueva? ¿Te imaginas cómo de divertido puede ser descubrir juntos un alimento? ¿A qué sabrá, qué textura tendrá? ¡¿Nos gustará?! ¡Pues ya tenemos algo con qué empezar! Los pequeños cambios son grandes ejemplos.

“Tener un hijo lo cambia todo”. Tu más que nadie lo sabes y quiero que lo aproveches para ponerte en marcha hacia unos hábitos alimentarios saludables.

Recuerda, ¡Un ejemplo vale más que mil palabras!

Aunque ahora no veas el resultado esperado… ¡Keep calm! todo llega a su tiempo. 😉

Para empezar, aquí van mis 5 recomendaciones básicas para un cambio saludable en casa!

  1. Elimina toda la bollería de tu casa. Sí, las galletas también.
  2. Pon un frutero bien grande que esté siempre a mano, pero no solo a la tuya, sino a la suya.
  3. Llévate a tus hijos a hacer la compra y haz que se impliquen en ella. El pasillo de los cereales puede ser muy vistoso pero… ¿qué me dices de el de las frutas y verduras? ¿le has mostrado cuántas formas y colores puede haber?
  4. Pónles un delantal y mételos en la cocina, que se sientan partícipes de todo el proceso. Aunque sólo sea para batir un huevo. Oye, ¿y si da algún bocadito?
  5. Elimina los productos ultraprocesados de tu cocina y de tu vida. Sustitúyelos por alternativas saludables con comida real.
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1 COMENTARIO
  • Moisés
    Responder

    Una imatge val més que mil paraules, diuen.

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